Mundo árabe-musulmán

La parálisis argelina

El anciano Presidente Buteflika depositando su voto durante los últimos comicios.

El anciano Presidente Buteflika depositando su voto durante los últimos comicios.

La reciente victoria de Buteflika mantiene a la primera economía africana y clave de la estabilidad del Magreb en un estado de parálisis catalogado de “continuidad”. Este status quo no sólo sigue beneficiando a un anciano régimen centralizador y corrupto sino también a los países occidentales. Europa contempla a Buteflika como una garantía de la contención islámica y el posible aprovisionamiento energético tras la crisis con Rusia. Y es que, a pesar de ser un país muy controlado por los diferentes ejes del Estado desde su independencia, las convulsiones juveniles y las brechas entre “Le Pouvoir” (El Poder) – esa nebulosa que entremezcla el poder político y militar–dejan entrever que el esquema tradicional comienza a resentirse.

Basta con echar un vistazo a la prensa argelina para darse cuenta de que la reelección de Abdelaziz Buteflika no está exenta de una cierta sensación de malestar, aunque algunos medios han aplaudido el nuevo mandato del octogenario. Le Quotidiend’Oran abre su portada con el titular “Reelección de Buteflika: la real politik de las grandes potencias”, haciendo alusión a la importancia de su permanencia para los intereses extranjeros. Otros, por su parte, como el diario Al-Moudjahid, se muestran complacientes con el elegido, adjuntando una foto del presidente en una pose jovial y activa.
Y es que muchas son las críticas dirigidas en el sentido opuesto: en el cuestionamiento de la capacidad de gobernar de un anciano postrado en una silla de ruedas que apenas ha comparecido públicamente en los últimos años. Sobre el penoso estado de salud que se le atribuye tras el ictus que sufrió en abril de 2013, planea la sombra de su hermano Saíd y del equipo que le rodea, los cuales son señalados como los verdaderos gobernantes del país.

Por su parte, la oposición, débil, mal organizada y fraccionada, no ha logrado imponerse en unas elecciones que desde algunos movimientos sociales como Barakat (“suficiente”) o Kifaya (“basta”) estaban llamadas al boicot. Estas acciones han conseguido una alta abstención en las votaciones con una tasa de participación del 51,7% pero no evitar la victoria del ganador con un 81,53% de los votos. El desarrollo de los comicios ha sido tachado por la oposición como fraudulento. Hecho que no ha podido ser contrastado por la ausencia de observadores internacionales.

El caso de Argelia ha sido comparado durante las últimas semanas por la prensa internacional como una transición “a la española”, por tratarse de un punto de inflexión que prepara al país hacia una verdadera democracia. Pero este cambio venía anunciado desde hace más de tres años, cuando la llamada “primavera árabe” visitó fugazmente el país. En ese momento Buteflika encargó a su primer ministro Abdelmalek Sellah abrir un periodo de consultas con más partidos y organizaciones sociales. El objetivo era lanzar un profundo programa de reformas políticas en varias áreas además de libertades más cercanas a las occidentales, una nueva ley de partidos, de información, asociación, etc. Todas estas promesas lograron sofocar inicialmente el fulgor reivindicativo en un país extremadamente joven, un sector que representa más del 80% de la población.

Esta población, que se muestra cauta ante nuevos enfrentamientos por el trauma que le causaron decenios de guerra, no ha dudado sin embargo en tomar las calles durante el periodo electoral. En cuestiones sociales se quejan de la falta de empleo –Argelia posee una tasa de paro de un 20% – y de la dificultad de acceso a la vivienda, asuntos que el Gobierno ha prometido resolver con una subida de un 11.3% en inversión pública respecto a 2013 (alcanzando un 50% del PIB, unos 100 millones de dólares). En lo relativo al sistema, las principales críticas se atacan a la rigidez de una estructura política clientelista, corrupta, autoritaria, que no distingue los diferentes regímenes de libertades, sino que, bien al contrario, todo está bien atado y sostenido por una sola mano. Pero esa mano comienza a fracturarse.

Uno entonces se pregunta, ¿por qué sigue ganando Buteflika? Para comprender la Argelia actual es necesario remontarse a la época colonial, momento en el que surgen las que hoy son las principales estructuras del Estado pero también a la guerra civil de los años 90 durante la cual Buteflika tuvo un importante papel.

La particular forma de gobernanza a la que los argelinos se refieren como “Le Pouvoir” está compuesta por el ejecutivo, el ejército y la intermediación de los servicios secretos – DRS por sus siglas en francés Département du Renseignement et de la Sécurité. Ahondando en las raíces de su gestación, es más sencillo entender por qué el sector militar tiene un rol tan destacado en la política argelina y por qué no está dispuesto a abandonarlo. El Ejército de Liberación Nacional (ELN) es la columna vertebral del stablishment erigiéndose como el garante de la paz y de la contención islámica, y como en el caso de Egipto, reclama el lugar que se merece.

Cuando en el contexto de la guerra por la independencia, Ben Bella y otros líderes se organizaron hacia 1954 para dar visibilidad internacional a la causa argelina, se creó el Frente de Liberación Nacional (FLN), actual partido en el gobierno. Su brazo armado, que fue responsable de masacres no sólo a europeos sino también a miles de civiles argelinos, el ELN, asumió el papel de liberador del yugo francés. Tras duros enfrentamientos, los Acuerdos de Evián reconocieron el estatuto de una Argelia independiente y se fueron sucediendo diferentes líderes siempre bajo el visto bueno de los militares. Tanto es así, que uno de los líderes de la rebelión, el mismo Ben Bella – presidente, secretario general del FLN y comandante en jefe -, fue destituido dos años después tras un golpe de estado militar tramado, entre otros, por Buteflika. Bella que contó con personalidades occidentales en su gobierno, fue reemplazado por Houari Bumedienne, defensor del socialismo y nacionalismo árabe. En 1971 Bumedienne nacionalizó los hidrocarburos líquidos y gaseosos manteniéndose en el poder hasta su muerte en 1978.

A mediados de los ochenta, bajo la presidencia del liberal Chadli Bendjedid, el país comenzó a sumirse en una crisis derivada de la bajada del precio del petróleo, la explosión demográfica y el consiguiente aumento del desempleo y de la vivienda. Frente a estas carencias, los argelinos comenzaron a enervarse por el elevado nivel de vida y parasitismo del Estado que mantenían antiguas autoridades. Las acusaciones de corrupción política contra esta élite se hicieron comunes al tiempo que emergían simpatizantes islamistas reprimidos por el ejército.

Fue en este momento cuando Chadli decidió introducir algunas reformas separando funciones en el FLN, sometiendo la rendición de cuentas del presidente al parlamento y abriendo la puerta al multipartidismo, incluyendo al FIS (Frente Islámico de Salvación).

Tiempo después, a las puertas de la guerra civil (1991-2002) el auge de partidos islamistas supuso un nuevo reto para los militares, que consideraban la popularidad de estos grupos como una amenaza a su estabilidad. Así, cuando en 1991 el FIS ganó las elecciones locales y se posicionó como cabeza en la primera ronda de las legislativas, el ELN interrumpió el proceso electoral. Fue entonces cuando se desató una nueva ola de violencia en el país. Una parte del FIS, que quiso aposta por la acción política pacífica, provocó la desmembración del grupo en facciones más radicales. De este partido que acusó al gobierno de corrompido y pro-francés, surgieron el MEI (Movimiento por un Estado Islámico) y el GIA (Grupo Islámico Armado). Este último se convirtió en la organización terrorista más poderosa internacionalmente. Su facción militar, la Armada Islámica de Salvación, estaba formada por ex combatientes argelinos en Afganistán durante la invasión soviética. Su ideario era la creación de un Estado regido estrictamente por la ley islámica (la sharia) contra cualquier tipo de democracia y pluralismo político.

El GIA consiguió entonces hacerse fuerte y rivalizó contra otros grupos islamistas que aspiraban a hacerse con el poder. Con ese objetivo, el GIA creó un órgano de propaganda en el extranjero y realizó varios ataques terroristas en suelo francés. El gobierno, que entonces encabezaba Liamine Zeroual, apostó por la vía dialoguista con las facciones islamistas más moderadas hacia la reconciliación nacional.

Pero las acciones del GIA se recrudecían y entre 1997 y 1998 el grupo masacró a ciudades enteras, creando de nuevo disidencias en el seno del grupo. Una vez más, los radicales volvieron a imponerse sobre los moderados y el día de la dimisión de Zeroual, se crea el GSPC (Grupo Salafista para la Predicación y el Combate) que consigue la mejor estructura de los grupos islamistas en contacto permanente con Al-Qaeda.Este grupo que surgió de los bordes de Cabilia, a día de hoy sigue activo con acciones bélicas en zonas montañosas y en el Sahel. Pero la Cabilia es más bien conocida por la milenaria presencia de bereberes. Una etnia tradicionalmente marginalizada desde el desembarco de los árabes al país en el siglo VII. El uso de su lengua, el tamazight, ha sido objeto de represión por los sucesivos gobiernos hasta el año 2002, momento en el que se reconoció como lengua oficial junto con el árabe, un gesto que no ha logrado frenar la desobediencia al Estado y las constantes protestas por la autonomía de la región.

En 1999 se inaugura la era Buteflika y con ella, su retórica hasta nuestros días. El actual presidente, líder militar de la independencia y ministro de Ben Bella, consiguió asentar la paz y la reconciliación nacional poniendo fin a años de masacres fratricidas. Pero esto no fue posible sin la actuación del ELN que, conquistando territorios yihadistas, logró expulsar a los fundamentalistas hacia el sur. Desde entonces, lo político y lo militar han ido de la mano. Hasta hoy.

Bien sabidos son los últimos desencuentros entre el FLN y el DRS por las investigaciones llevadas a cabo por este último acerca de casos de corrupción en el seno del gobierno. El DRS, único contrapoder y pieza clave en la lucha antiterrorista es ahora acusado por el presidente de intrusión en cuestiones políticas por inculpar al exministro de energía en el caso de los sobornos de la italiana Saipem a la gasística nacional Sonatrach. Buteflika que, recordemos, fue aupado por el ejército en 1992, ahora quiere desembarazarse del binomio inteligencia-militar en nombre de la democracia y del poder civil.

El presidente, o lo que es lo mismo, su equipo de gobierno, han osado por primera vez arremeter contra el DRS y su director general Mohamed Mediene, alias “Tufik”, despojando a los servicios secretos de tres áreas de su responsabilidad: la seguridad militar, las comunicaciones y la policía judicial. Todo indica a que el gobierno teme que se desvelen los tratos de favor que se han ido gestando a lo largo de quince años de gobierno de Buteflika. Al ejecutivo tampoco le ha temblado la mano a la hora de cerrar televisiones críticas con su gestión como Al Atlas y también promocionando sus propios medios de comunicación en campaña electoral.

A pesar del autoritarismo que ejerce Buteflika desde hace quince años, sabe rodearse y ganarse las felicitaciones de los líderes occidentales. Hollande transmite su enhorabuena al anciano presidente, mientras la UE en su conjunto, respira aliviada por cuestiones como la lucha antiterrorista, los flujos migratoriosy la cuestión energética.

Recordemos que el 50% del PIB argelino proviene de la exportación de hidrocarburos – con un 97,5% de los ingresos – principalmente de gas, con el envío al exterior de 54,6 millones de m3. España es la principal beneficiaria, importando un 60% de la energía que consume. Además, las empresas españolas no cesan en seguir intentando colocar jugosos contratos en el país, a pesar de las trabas burocráticas argelinas, para la construcción de infraestructuras y viviendas, éstas últimas deficitarias en los principales núcleos urbanos. Otros importantes socios comerciales del país además de España (17% de las inversiones) son Kuwait (23%), Egipto (17%), Estados Unidos (13%) y Francia (7%).

Esta fuerte riqueza en recursos minerales es mirada en primavera como una posible alternativa al corte de gas ruso que se aproxima con la crisis ucraniana. La UE no cesa en sus sanciones a Rusia y si la situación se recrudece con la llegada del invierno, Argelia podría convertirse en un potencial suministrador de energía al viejo continente vía España.

Paradójicamente, Rusia también sale beneficiada con la continuidad gubernamental del país africano que más gasta en defensa. La República ex soviética es su primer socio comercial en armamento con un 91% del material. El hecho de que Argelia haya aumentado su presupuesto en defensa un 176% desde 2004 ha provocado un dilema de seguridad en su país vecino, Marruecos, con el que mantiene un abierto enfrentamiento por la cuestión saharaui.

Lo cierto es que a todas las partes les conviene que las cosas que se queden como están, excepto a la población. El paro, las dificultades de acceso a la vivienda, la constatación de parasitismo y corrupción por parte de las élites, son cuestiones que empiezan a sacudir a los argelinos.

Geoestratégicamente, Argelia constituye un gran aliado en la lucha antiterrorista y en el suministro de energía. La estabilidad en Argelia es clave para la región teniendo en cuenta la amenaza constante de Al-Qaida y del caos en la vecina Libia. Pero si el gobierno continúa tratando de marginalizar al sector militar, quién sabe si Buteflika probará de su propia medicina con un golpe de Estado, como sucedió en Egipto.

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